+54 9 11 5319-5956 gerente.celsi@gmail.com

07/11/2017 Por La Capital – Mar Del Plata. FUENTE Una familia marplatense tiene que gastar $12.000 anuales sólo para contar con alarma y un seguro básico. Las rejas son un costo fijo en la construcción. El valor de los departamentos aumenta. Fernando Telpuk analiza la diferencia entre inseguridad objetiva y subjetiva.

Pasan cosas. Esa es una realidad que no admite discusión. En Mar del Plata, según cifras oficiales, casi 3 de cada 10 familias sufrieron algún tipo de delito. Desde hechos menores, como el hurto de un goma de auxilio, hasta otros de mayor complejidad, como una entradera a mano armada. El número está a tono con el promedio nacional y en baja desde 2015. Los robos de autos se redujeron un 55% y los robos calificados un 40%. Sin embargo, la onda expansiva del miedo a sufrir un caso de inseguridad no se detiene. El indicador es el crecimiento que ha tenido el mercado de la seguridad privada: desde 2014 aumentó cerca de un 25% la contratación de alarmas, por ejemplo. Una familia marplatense tiene que invertir, de mínima, $12.000 anuales para mantener su vivienda segura.

Ese número está relacionado a dos gastos básicos: una alarma monitoreada, que tiene un costo de entre $500 y $600 pesos mensuales, y un seguro básico para el hogar, que oscila entre los $400 y los $600 mensuales. Si se le suma cualquier servicio con presencia física, por ejemplo una garita y un auto que vigila cuando se ingresa y se egresa de una casa, el número final aumenta en un 50%. Es decir, puede alcanzar los $18.000 anuales. Un sueldo promedio. Un aguinaldo completo, dedicado a comprar seguridad. Y en un edificio con vigilancia permanente, el costo dentro de las expensas puede superar los $40.000 pesos anuales, depende de la jerarquía de los departamentos.

Sentado en el escritorio de su oficina, un reconocido empresario marplatense del sector apunta:

– La mejor publicidad que tenemos son los noticieros. Vivimos de las sensaciones.

Esa frase encierra un cuadro de situación claro: aunque una familia no haya sido víctima de un delito, el contexto la empuja a invertir en seguridad. Hace tres años, según cifras del sector privado, se calculaba que el 10% de las casas de Mar del Plata contaba con sistema de alarma. La estimación es que hoy alcanza el 13% y que la mayoría de los nuevos clientes llegaron con el crecimiento de la construcción, tanto en casas como en departamentos. La alarma monitoreada, en las viviendas nuevas, ya constituye un costo fijo junto a los servicios básicos.

En la construcción puntualmente hay otro costo fijo: las rejas. Para una casa de 100 metros cuadrados, el costo de cubrir puertas y ventanas con rejas alcanza, en promedio, los 20 mil pesos. Si se suma un portón de 10 metros de frente, por 2 metros de alto, son 25 mil pesos más. Siempre con la mano de obra de colocación incluida. En menor medida, hay quienes agregan a su presupuesto sistemas más específicos, por ejemplo circuitos cerrados de cámaras, que tienen un costo básico de $8.000 con la instalación incluida, y hasta alambres electrificados, que parten de los $20.000 para perímetros chicos.  También se puede agregar en el cálculo la colocación de alambre concertina –$700 cada doce metros– y el mantenimiento de un perro, que entre vacunas y alimento balanceado no baja de los $400 mensuales. Y más: están los que eligen puertas blindadas, contratan botones antipánico, barreras perimetrales y sensores de movimiento exteriores. Es un mercado sin fronteras y en constante actualización.

El temor también impacta en el mercado inmobiliario. El presidente del Colegio de Martilleros, Miguel Ángel Donsini, apunta que en los últimos cinco años los precios de los chalets se mantuvieron, mientras que el precio de los departamentos aumentaron. El motivo: la inseguridad. Donsisni aclara que la variable es subjetiva, esto quiere decir que es minoritaria la cantidad de propietarios que ha sido víctima de delitos, pero, por las dudas, buscan sentirse más seguros. Así es que la franja que supera los sesenta años, dentro de sus posibilidades, se muda a departamentos. Los jóvenes que pueden acceder a su primera vivienda buscan chalets o phs, porque son más accesibles. “Con 170 mil dólares se puede comprar un chalet amplio y de buena calidad. En el mercado de los departamentos con esa misma plata se compra algo mucho más chico y caro de expensas”, explica.

De acuerdo con el análisis de Donsini, ese temor fue uno de los disparadores para la construcción de edificios en propiedad horizontal. “Esto no sólo sucede en ciudades como Buenos Aires, Mar del Plata y Córdoba. Es un escenario que se extiende en todo el continente, incluso en Estados Unidos. El temor y la inseguridad están instalados en el mundo”, explica.

Hay edificios que cuentan con encargado y seguridad las 24 horas. Las expensas en estos casos –depende de la cantidad y la calidad de los departamentos– puede llegar a los 7000 pesos por mes. La mitad de ese número corresponde al servicio de seguridad permanente. El costo es alto porque los trabajadores tienen que estar en blanco. Muy distinta es la situación en los barrios, incluso en los caros. Las garitas en las veredas son accesibles porque están fuera de la ley provincial vigente n° 12.297. Lo mismo pasa con los coches que vigilan el ingreso y el egreso de las casas. Esos servicios no superan los $400 mensuales porque se hacen informalmente. De estar en regla, serían hasta diez veces más caros.

Inseguridad objetiva – inseguridad subjetiva

El secretario de seguridad, Fernando Telpuk, explica que todos los índices del delito bajaron en Mar del Plata y le atribuye el éxito al trabajo de la policía local. Según explica, es el único cambio fuerte desde 2015. Los homicidios dolosos, por ejemplo, dejaron de suceder en la vía pública. Ahora suceden puertas adentro, lo cual es un indicador de que el Estado, de alguna manera, recuperó la calle con los patrullajes y el funcionamiento de las cámaras de seguridad.

– ¿El trabajo de prevención del municipio puede bajar el presupuesto que dedica una familia a comprar seguridad? ¿O eso ya está instalado y no va a tener vuelta atrás?

– En seguridad hay que trabajar sobre dos puntos diferentes. Uno es la inseguridad objetiva, el Estado tiene que cuidarte objetivamente. El otro es la inseguridad subjetiva, hacer que el vecino se sienta cuidado. Una cosa son las medidas que se implementan para cuidar a la población, otra es que vos como vecino te sientas cuidado. Si le preguntás a la gente, el 80% de los marplatenses no fue víctima de un delito. Pero ese 80% te va a decir que tiene miedo de ser víctima de un delito. Esa es la inseguridad subjetiva, que es la que te lleva a invertir en alarmas, en rejas, en seguro, en seguridad privada. Tiene que ver con la subjetividad. Si en los medios te muestran casos cerca de tu casa, eso te genera una inquietud. Veo muy difícil que alguien que está preocupado por la inseguridad no tome medidas para sentirse más seguro, en la medida que lo puede hacer.

– ¿Hay un negocio detrás de la inseguridad?

– Hay una necesidad de mercado. La venta de cámaras ha aumentado, también las alarmas y seguros. Son reacciones concretas, en base a una necesidad. Lo que no creo es que se diseñen situaciones exageradas a propósito para vender seguridad. Eso no es real en Mar del Plata.

– ¿Se puede bajar la inseguridad subjetiva?

– Sí, claro, pero es un trabajo de construcción a mediano y largo plazo. Te pongo ejemplos. Hay barrios donde la gente guardaba sus autos en garajes privados. Y desde que estamos patrullando con la policía local advertimos que hay más autos que se dejan en la vía pública. Lo mismo pasa en la zonas donde hay cámaras. O sea, es difícil revertir, pero es factible.

La policía local de Mar del Plata cuenta con 1050 efectivos. Los sueldos se pagan con plata de la provincia de Buenos Aires, igual que el equipamiento. Sólo los sueldos de la cúpula directiva y el combustible para los patrulleros sale de las arcas municipales. La idea es que para 2018 la fuerza incorpore 200 efectivos. De acuerdo con las estimaciones de Telpuk, no va a ser fácil negociar recursos, justamente porque las cifras de 2017 mejoraron sensiblemente. “Tenemos un escenario alentador por delante. La seguridad en la agenda mediática hoy está tres escalones por debajo en comparación a lo que pasaba cuatro años atrás. Cuando la seguridad se va de la agenda es porque la cosas mejoran. Nunca hay buenas noticias en estos temas. Nos alegramos de esa realidad”, agrega.

Son datos fiables. La inseguridad baja. Sin embargo, el mercado del miedo avanza sin pausa.